Tengo ganas de escribir.
Tengo ganas de escribirte.
Debería estar acostada, puesto que al menos estaría con la secreta esperanza de encontrarte en los recovecos de mi subconsciente.
No podría negar bajo ningún pretexto que a veces, como hoy, te extraño. Desearía hablar contigo, caminar lentamente, revoloteando a tu lado y fijarme en sutilezas que te sorprendan (te he comentado alguna vez que me encanta esa expresión tan inocente?).
Pero de qué cosas pretendo hablar, por dióh. Pretendo fingir que entiendo las cosas del amor, siendo que actualmente estoy enamorada (hasta los huesos) de una ilusión. De esas que te ciegan con su pomposidad y con la facilidad en que te incluye en su vida. Esa que estás segura que es un sueño, y cada momento que pasas a su lado lo vives con desazón, puesto que sabes de antemano que tarde temprano debes despertar o habrán de despertarte.
Estoy ciega. Tu luminosidad onírica (otro fundamento para el que seas un sueño se transforme en un tautema) me maravilló cada día que compartí contigo. Cuando desperté, bueno, estuve desorientada al sorprenderme que me dolían los ojos, puesto que desde hace meses no los usaba. Y ahora, bueno, al parecer todo tiene su costo, y el mío es el haber quedado ciega. Veo las cosas cotidianas, ordinarias y banales de la vida, pero no te veo a ti. No te veo a ti ni puedo pretender dibujarte en la sonrisa de una extraña. No veo tus pataletas ni tu carita de alegría. No veo tus labios ni puedo ver tus ojos, que generalmente por lo demás, reflejaban los míos.
Ya no somos las mismas de antes. Tú te fuiste, mientras yo me quedé (sé que terrenalmente no fue así, pero yo hablo de abstractos) instalada con mis sueños, esperándote en el mismo lugar donde nunca acordamos volver a encontrarnos. Y es ahora, cuando pasan los meses y lo único que veo es como el mar engulle mis anhelos más profundos, es cuando recuerdo esa película del nombre largo, esa que cuenta la historia del tipo que se enamoró, que de un día para otro su novia lo borró de su memoria y que el quiso hacer lo mismo, y que se dio cuenta sobre la marcha que no la podría desarraigar de él, puesto que ya no hay nada que hacer cuando dos cuerpos se conectan, fusionan, aman.
Me pregunto si sería capaz de intentar borrarte.
Me pregunto si tú ya me borraste.
Pero eso ya es un detalle, porque sin lugar a dudas, si me borraras, yo no lo haría jamás. Dijimos una vez que sería por siempre, y pretendo cumplir mi palabra.
Y otra vez hablo de ella, de mi amor ficticio. De mi amor perfecto, de esos que la gente burda dice que es imposible que existan.
Y es ahí cuando yo bajo la mirada y sonrío, porque sé que es posible, porque sé que te conocí. No discuto que fue un hermoso sueño, pero para mí, sigues siendo una deliciosa realidad.
Por siempre, tuya, amada Violeta.
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