Como cada una de las noches de verano: estoy despierta. Me encanta acostarme tardísimo por una simple razón: me encanta la noche. Me encanta todo lo que conlleva y me pierdo en cada uno de sus talentos. Me encanta el frío, el viento, el silencio, las nubes y en especial, la oscuridad interrumpida por millones de estrellas. Me encanta que en la noche todo se torne mágico. Todo lo bueno pasa de noche, la noche es joven. Me gusta el silencio y que nadie interrumpa el torrente de mis pensamientos. Me gusta que la Martina ronque. Me gusta que todos duerman mientras yo sueño. Hoy es una noche especial: por ningún motivo, simplemente es especial. Cada noche es especial, cada noche tiene una connotación especial: simplemente basta con que nos demos cuenta de aquello. La noche anterior fue especial porque hacía más frío del usual para febrero, y la anterior, porque no había nadie más que yo en el segundo piso. Y así, cada noche puede ser un cuento de fantasía. Cada noche puedes soñar, cumplir tus sueños, deleitarte con el paisaje y saludar la aparición del sol totalmente renovada. Por todo esto (y más) no me gusta dormir de noche. Lamento que la mayoría de las personas duerman y que no aprecien lo que yo veo noche a noche. Me pregunto si eso hará que abunden los desagradables, pero recuerdo que eso se debe a la falta de amor. Entonces pienso: ¿la falta de amor hará que la gente no se fije en lo sublime de nuestro planeta? ¿los fantasmas personales harán que la gente duerma y que se pierda todo este festival de colores, sensaciones y sonidos? ¿acaso los tormentos nublarán la vista con lágrimas?
Pienso que el mundo sería muchísimo mejor si todos apreciaramos lo que tenemos en nuestro presente: Tal vez haría que nuestros días y noches fueran más intensos y no nos perderíamos en la agonía de los recuerdos. Tal vez haría que fuésemos más felices o simplemente, menos desagradables.
Sin duda, yo también tengo mis fantasmas y mis tormentos, pero no dejo que me estorben la vista cuando veo a la sublime noche entrar en escena. Tal vez simplemente, me acomodé a ellos y podemos convivir en paz. Tal vez, sólo tal vez, no soy la única que ama de este modo la noche. Tal vez no soy la única que percibe todos los detalles y se enamora cada vez más del silencio y las estrellas. Tal vez, después de todo, no estoy tan sola.
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