Estando sentada en un cubículo de la Bachicueva no pude evitar sentir el llamado de la selva y lanzarme a escribir.
Ya he sentido este llamado muchas veces en los últimos días, y he procurado vertirlos donde corresponde: las ideas generales como ésta al blog, las privadas a un word que permanece en secreto salvo para 2 personas y las confidenciales siguen en mi cabeza que es de donde no debieron salir en ningún momento.
Ahora que tengo acceso a internet y escucho el incesante golpeteo de la lluvia en la ventana, en los techos aledaños y en mi mente, no puedo evitar sentirme más que feliz.
El día está absolutamente hermoso: el cielo está grisáseo, las nubes lucen amenazantes y el viento casi no hay (si no lo hubiese sentido antes diría que tal cosa no existe). El mar está enbravecido: luce como un tigre enjaulado que después de un largo letargo se decidió a estirar las piernas en su estrecha jaula, procurando llamar la atención lo más posible. Lástima que todos los días todas las personas vemos el mismo mar: es normal que ya no le prestemos atención. Mas hoy, algo fue distinto. En el ambiente había una sensación distinta y no pude evitar deleitarme con mis sentidos: hoy es un día de lluvia. Las gotas caen a cántaros y gozo a la par de ellas, siento la humedad en mi cabeza que lentamente calma la inquietud de mi ser. Me asomo por la ventana, y desde el piso 18 sigo detenidamente la trayectoria de una gota, de otra y de otra más, pero lamentablemente todas ellas, tras un pequeño momento de gloria estan destinadas a la más completa inmundicia allá en el suelo. ¿porqué tanta belleza está condenada a ser escoria? Porque no nos gustan las cosas hermosas, las envidiamos profundamente. Fingimos constantemente deleitarnos con las cosas simples de la vida, pero odiamos cuando nos mojamos en un bello día de lluvia. ¿Han escuchado alguna vez que alguien esté feliz porque fue a la playa en un día lluvioso y observó durante horas caer la lluvia en el mar?
Yo sí lo hice. Yo sí soy feliz hoy.
Como dijo Nelson alguna vez : me gusta llorar en la playa y dejé caer mis lágrimas en las olas, puesto que aquí mi tristeza parece minúscula en comparación a un océano de lamentos.
Lindas palabras para ser un bravucón. Lindos sentimientos que están en un alguien que la mayoría no cree ser capaz de poseerlos.
No descanso en mi intento de que vean lo sublime en un día de lluvia. Vean las tonalidades, sientan la textura de las gotas y gocen cuando lleguen empapadas a sus casas: no hay nada mejor que llegar a un casa y ser esperada con una gran sonrisa.
[He notado que mi día podría ser perfecto: lástima que nadie me espera en ningún lugar y no tengo nadie por quien correr frenéticamente bajo la lluvia con tal de llegar antes a la calidez de su regazo. Anhelo poder retroceder el tiempo y cambiar un sin número de acontecimientos, pero declino de la idea y me conformo con sentir la lluvia en un eterno deambular sin fin.~]
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