Hace poco rato, cuando Santiago ya me tenía asqueado y mi familia abrumada, me encerré en mi pieza y le saqué unas cuanta notas a mi guitarra eléctrica, para los amigos, Wendy Sulca. A medida que pasaba de un traste a otro y de un estilo a otro, me formulé esa pregunta. ¿Qué tiene de especial el amor en comparación a la avidez por el dinero, a la dependencia familiar o a las ansias de sexo? Todos los anteriormente nombrados son motores de la sociedad, pero ninguno parece ser tan importante como el amor. En un mundo cada vez más solitario resulta irónico que el amor se siga manteniendo en el mismo pedestal de hace 8 milenios atrás. Puedes ser huérfano, puedes ser pobre o puedes ser casto y puro, pero no puedes pasar por esta vida sin sentir amor. Pareciera ser lo único capaz de ayudarnos a seguir adelante cuando nada parece tener sentido, parece ser lo único capaz de impulsarnos a seguir adelante cuando todo ha salido mal. Parece ser la esperanza del mundo. ¿Pero, es realmente tan importante?
Sí, así es. El amor sigue siendo la pieza fundamental, esa fuerza descomunal que nos da la energía necesaria para mover montañas (literalmente) si es necesario con tal de ayudar a la amada...
Que tiempos aquellos en que el amor estaba presente en mi vida. Hoy, ni siquiera tengo la esperanza de volver a sentirlo.
Hoy vivo de recuerdos y me alcanza para levantarme cada día.
[Yo y mis títulos largos. Prometo tratar de redurcirlos para futuras entradas]
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